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La raíz de las raíces
- Por Horacio Latté | Ministerio: Unción y Renuevo
Buenos Aires, Argentina
www.latte.com.ar
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Vamos a considerar el porqué de las Raíces de Amargura.

¿Por qué razón quedan raíces amargas en nuestras vidas?
Y lo primero que te puedo decir es que una de las causas más importantes, tal vez más definitorias, por las que pueden quedar raíces amargas es la falta de perdón.
Perdonar es una llave en la Sanidad Interior que nos abre paso a la sanidad del alma.
La falta de perdón suele hacer que queden en nuestro interior raíces amargas.
En Efesios 4:32 leemos: “Mas bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.”
Esta es nuestra obligación.
Sin embargo, no parece un trámite tan sencillo, porque si todos pudiéramos perdonar de corazón, fácilmente, no habría tantas personas afectadas con raíces de amargura.

Sabemos que el perdón que extendemos es un perdón inmerecido, la persona al que perdonamos no se merece nuestro perdón, así como tampoco nosotros no merecemos el perdón de nuestros pecados que Dios nos dio en Cristo.
El acto sincero de perdón produce alivio, trae paz.

Perdonar es como sacarnos una piedra enorme de nuestra espalda y quitarnos un terrible peso.

Ésta es la sensación que experimentamos al perdonar una ofensa.

En Marcos 11:25 y 26, la Palabra nos dice que si no perdonamos, Dios no nos perdona.

Alguien dijo una vez que “perdonar es recordar las ofensas en paz.”

Es decir, es algo así como recordar que sí, efectivamente, algo nos pasó y fue doloroso,… pero no obstante, podemos recordarlo sin sufrirlo nuevamente.
Los que dicen haber perdonado, pero no tienen paz al recordar el daño se engañan a sí mismos; algunos hasta llegan a decir: “A tal persona la perdoné, pero no me la nombren más en mi vida”. Es evidente que no hubo un perdón verdadero.

Hay personas que vivieron un hecho doloroso y cada vez que lo recuerdan entran en estado de angustia, porque el dolor está ahí vivo, activo, como si recién hubiera sucedido.
Somos personas con memoria, con historia; el recuerdo puede estar.
Pero una vez que sanamos, ese recuerdo ya no nos provoca signos de amargura.
Cuando perdonamos estamos libres del resentimiento.

¿Qué es el resentimiento?….. La palabra se forma con dos elementos: re - sentir, es volver a sentir aquí y ahora con los que me rodean, lo que ya sentí antes y por causa de otra persona.
Supongamos que yo me enojo mucho con una persona y le cargo con un montón de culpas: “¡Porque has hecho esto que a mí no me gusta! ¡Estoy muy enojado contigo!”
Es aquí y ahora con esta persona, pero le estoy diciendo, y tal vez repitiendo, lo que, en verdad, le correspondía a aquella otra por lo que me hizo hace tiempo atrás.
Hay que revisar con cuidado cuando uno se enoja.

En ocasiones hasta vemos la causa justificada: “¡Me enojé con tal persona!, o ¡estoy enemistado con tal persona por esto, por esto y por aquello otro que me molestó”! Y damos las explicaciones del caso.
Pero habría que revisar si la causa de este gran enojo o de esta ofensa actual, no tiene una raíz de amargura conectada al pasado y con otra persona.
El perdón es, ante todo, algo que sucede en nuestro corazón.
Cuando perdonamos, perdonamos dentro de nosotros.
Y no hace falta que esté la persona a la que tenemos que perdonar allí, delante de nosotros.
¿Por qué digo esto? ….Porque a veces, sólo podemos perdonar en el recuerdo, ya que la persona que nos dañó ni siquiera está viva.

Entonces el acto del perdón es un acto que sucede, primordialmente, en nuestro interior, en nuestro corazón.

Si además, después podemos acceder a la persona involucrada y decirle que la perdonamos, esto es otra posibilidad;….. pero el perdón, ese perdón genuino del que estamos hablando, tiene que surgir dentro de nosotros.
A veces sucede que perdonamos a una persona con quien ya no vamos a tener ninguna relación.

Alguien de un grupo al que pertenecíamos antes que nos dañó, o un miembro de la familia que nos robó algo valioso para nosotros……. Y así y todo, también hay que perdonarlo;…. pero el Señor no le manda que se amigue nuevamente con él.
Insisto, el perdón es algo que está dentro de nosotros, en nuestro interior; surge desde nosotros hacia aquellas personas que pasaron por nuestra vida y nos lastimaron.
Eventualmente, en nuestro diario vivir, nos vamos a encontrar con personas hirientes a las que vamos a tener que perdonar…… Pero el perdón se extiende aun, cuando la persona que nos dañó, no esté cerca de nosotros.

Es conmovedor saber cómo algunas personas pudieron perdonar el horror de los nazis.
Hace poco tuve la oportunidad de leer en un libro el tremendo testimonio de una mujer judía que había sido hostigada de niña en los campos de concentración.

Años más tarde, ella conoció a Jesús y tuvo la oportunidad de ir a hablar, después de la guerra, a un lugar donde había alemanes que habían participado de los castigos y las torturas que ella misma había padecido.

En esa oportunidad, esta mujer perdonó a sus agresores. Sin embargo, no estaban todos ahí, no estaba cada uno de sus castigadores, pero igualmente los perdonó a todos.

Y fue un testimonio tremendo, realmente muy fuerte. Los alemanes que habían sido nazis y estaban presentes, se acercaron a ella a pedirle, personalmente, que, por favor, los perdonara.

Cuando se produce el acto sincero de perdón, el Señor abre los cielos….. Algo pasa en la vida de las personas…… Algo extraordinario pasa en los sentimientos……. Algo se transforma alrededor.

Sabemos que no es fácil perdonarlo todo,… pero si perdonamos, la bendición de Dios empieza a actuar de una forma especial sobre nosotros.
Otra razón para que broten raíces de amargura es la auto-condenación.
Hay personas que viven cargando con su pasado, como si el Señor no las hubiera perdonado.
Esto es como no creerle al Señor.
Le quiero compartir un duro ejemplo sobre las terribles consecuencias que se sufren cuando no se recibe el perdón del Señor y se cae en la auto-condena.
He ministrado a muchas mujeres que antes de conocer al Señor han practicado abortos; pero luego de recibir a Cristo, se han arrepentido de corazón por lo que hicieron y con dolor en la presencia del Señor.
Sabemos que Él las ha perdonado, sin embargo, muchas de estas mujeres no han aceptado ese perdón.

Y esto se pone de manifiesto cuando muchas de ellas no pueden quedar embarazadas.
Entonces nos preguntamos: ¿qué pasó?, ¿hay alguna auto-condena?……La temida respuesta es: “Dios no me manda hijos por los pecados que yo cometí anteriormente.”
Personalmente he escuchado decir: “Seguro que no quedó embarazada por los abortos.”
Es lamentable que no puedan aceptar el hecho concreto del perdón de Dios.
El Señor dice en Hebreos 8:12, “Yo les perdoné sus iniquidades y nunca más me acordaré de sus pecados”.
Éste es el Nuevo Pacto: el Señor ya no va a tener presente nuestros pecados, nos arrepentimos y nos perdonó; estamos en una nueva etapa, iniciamos una nueva vida que Él nos está dando.

Si el Señor es verdaderamente el Señor de nuestra vida, y Él dice que nos perdona, quiénes somos para decir que Él no nos puede perdonar.
En Hebreos 12:15 el apóstol Pablo nos dice
"Miren bien que ninguna raíz de amargura los estorbe"….. Pero… ¿a dónde debo mirar? A tu interior, a ese pasado que está molestando tu presente, y te recomiendo que lo hagas ya…. ahora, no permitas que ni un segundo más una raíz amarga moleste tu corazón.

Condensado del libro: Sanidad Interior “Una necesidad o una Obligación” del Rev. Horacio Latté.

El Rev. Horacio Latté preside el Centro Cristiano de Evangelización y el Ministerio Unción y Renuevo. Es Miembro del Consejo Directivo de ACIERA ( Federación Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la Rep. Argentina). Conferencista Internacional. Escritor de 4 libros sobre Sanidad Interior, sus programas radiales “Sanando para Crecer, una reflexión con el Rev. Horacio Latté” son trasmitido por 150 emisoras desde USA hasta la Patagonia Argentina y España.
 
 
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